jueves, 10 de septiembre de 2015

Un tomate y dos pepinos

En medio de una animada conversación, una amiga me propuso el reto de escribir un cuento "bajo demanda". Con un argumento un poco loco, algo como "un tomate y dos pepinos". Así que como diría el célebre Barney Stinson:






Un tomate y dos pepinos.


Faltaban escasas horas para que despuntara el alba. Y todo lo que quedaba en las canastillas del supermercado, en el pasillo de las verduras, eran un tomate y dos pepinos.

Y no es que los hubieran dejado allí por encontrarse demasiado maduros o a punto de podrirse, no. El tomate aún tenía la piel brillante y de un color carmesí intenso. Resaltaba tanto, que daban ganas de morderlo. El par de cohombros también ostentaban un matiz vivo, verde aceitunado. Sin embargo, las canastillas compartían el mismo tono verdoso, por lo que los pepinos se perdían de vista si se miraba desde lejos.

—No debería de estar aquí —comentó el primer pepino, de formas rectas y cuerpo abultado.

—¿Te refieres al tomate? —replicó el segundo pepino, más esbelto y de silueta encorvada.

—¿De quién más estaría hablando, si no de él? —contestó bruscamente el primer pepino—. Éste es el estante de las verduras. Y el tomate es una fruta.

—Estás loco, Gordo. El tomate es una verdura. Se lo agregan a las ensaladas, y lo vuelven salsa para comidas de sal. Además no veo que preparen "helado de tomate". ¿O sí?

—Eso no me parece una explicación válida, Pepe. Uno ve que le ponen fruta a ensaladas de verduras, e incluso, que usan frutos rojos en la preparación de salsas para carne. Es lo que llaman la nouvelle cousine, mi amigo.

—¿Y qué sabe un pepino de cocina europea?

—Pues lo oí de una compradora francesa que vino esta mañana. Puedes aprender mucho de los clientes que vienen, si pones algo de atención.

—Bueno, podrás saber de cocina… como se llame. Pero eso no implica que sepas con certeza si el tomate es una verdura o una fruta.

—En China le agregan tomate a las ensaladas de frutas. En España, lo vuelven mermelada. En Estados Unidos hacen jugo…

—¿Y me imagino que eso lo oíste de un cliente chino, uno español, y uno gringo?

—Exactamente.

—¿Y todos hablaban de tomates precisamente cuando pasaban por acá?

—Estamos al lado de ellos. "La ocasión la pintan calva", dicen por ahí.

—¿De dónde carajo aprendes tantas cosas, Gordo?

—Ya te dije, Pepe, de los clientes. Es genial que venga tanto extranjero a este supermercado.

—¿Te das cuenta que si los tomates fueran una fruta, como tu afirmas, estarían al otro lado, en el corredor de las frutas, y no habrías oído a toda esa gente hablar de tomates?

—¡Vaya! —exclamó Gordo—. ¡Es el primer comentario inteligente que haces!

—Que no pare oreja a todo lo que dicen los compradores, no quiere decir que no haga buenos análisis —contestó Pepe, orgulloso.

—Entonces, analiza esto. Los tomates son frutas, porque los pueden recoger verdes, y al madurar, se ponen rojos y dulces. Nosotros somos verduras, porque en lugar de madurar y cambiar de color, nos podrimos.

—El coco es una fruta, y no cambia de color.

—Bueno —por primera vez Gordo se mostró algo vacilante—, pueden haber ciertas excepciones…

—¿Y cómo sabes que el tomate no es una excepción? Si hay frutas que no maduran, como el coco, ¿por qué no habría de haber verduras que maduran?

Gordo se quedó sin palabras por un momento.

—Pues tú eres una verdura bastante inmadura por cierto.

—No es inmadurez, es escepticismo —aclaró Pepe.

—¿Entonces no vas a aceptar que el Tomate es una fruta?

—No. Para mí es una verdura igual que nosotros. Por algo los del súper la pusieron en nuestro pasillo…

La discusión continuó hasta el amanecer, todo seguido por el oído atento del Tomate, el cual no dejó escapar una sola palabra.

«Y pensar que los pepinos también son una fruta» —se dijo a sí mismo el Tomate.

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Espero que les haya gustado. Si no... me importa un pepino. Jajajaja

Si le gustó, y desea que escriba un cuento bajo demanda, puede proponer el tema en los comentarios.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

¿Cuándo vamos a aprender? La democracia no sirve

Inicio con esta frase de Homero —el gringo, no el griego—, aclarando que desde mi perspectiva, el problema de la democracia no está en sus procesos, sino en las decisiones que toma la gente que la compone: las llamadas "mayorías".

Usted dirá: "pero yo pertenezco a las mayorías, y generalmente tomo buenas decisiones". Tiene razón… en parte. Sí, usted, que está leyendo este blog, suele hacer sus elecciones inteligentemente. Pero resulta que usted y yo, no pertenecemos a la mayoría.

Nosotros los que leemos —y analizamos— las noticias, los que buscamos diferentes puntos de vista —y podemos reajustarlos si los hechos lo ameritan—, los que nos mantenemos informados —no solamente de lo que ocurre aquí en Colombia sino también de lo de afuera—, los que "posteamos" nuestras opiniones en redes sociales… Nosotros no somos la mayoría. Somos la minoría.

LA MAYORÍA 

La "mayoría" es la gente que vende un voto por un tamal. La "mayoría" es esa señora que sale a la calle, embarazada y con otros tres hijos —de diferentes papás—, a quejarse ante el reportero "porque el gobierno no me ayuda". La "mayoría" es el señor que arma una casa de invasión a la vera de un arroyo, y que cuando se la lleva un alud, le echa la culpa al presidente de turno y espera a que el estado lo reubique. 

Lo anterior suena bastante obvio —en últimas es lo más evidente—. Pero hay más. La "mayoría" también está compuesta por la gente que sólo pone selfies en el Facebook y no tiene un comentario o publicación realmente interesante. La "mayoría" es la gente que sólo lee revistas de farándula y le parecen aburridos todos los artículos o editoriales que expresen una opinión. La "mayoría" es la gente que vota porque el candidato le cae bien, pero no tiene ni idea de sus antecedentes o de su plan de gobierno.

Y si. Aunque les duela a algunos, la "mayoría", también es la persona que se va a los extremos, la que ignora o contradice cualquier hecho que sea incompatible con su línea de pensamiento, así sea un hecho probado. Si usted es de los que ve a los personajes de la política como los protagonistas de los cómics de antaño —con villanos claramente malos, y superhéroes completamente buenos e inmaculados— usted es la mayoría. La política no es así de fácil. Las elecciones no son entre Supermán y Lex Luthor, donde la decisión es clara, y los personajes se pueden ver en blanco y negro.

A que me refiero con ver la vida en blanco y negro?

  • El que defiende a Uribe como un mesías, ignorando la corrupción, los vínculos con el paramilitarismo, y los falsos positivos habidos en su gobierno. 
  • El que compara a Uribe con Hitler y afirma que fue el peor presidente que ha tenido Colombia, negando que en su gobierno la guerrilla se debilitó, y la confianza inversionista regresó. 
  • El que se ensaña en el hecho que Petro es un ex-guerrillero, que no ha hecho absolutamente nada, omitiendo sus logros en reducción de pobreza, y en protección ambiental.
  • El que dice que Petro hay que reelegirlo, obviando el hecho de que fue un desastre como administrador, que mucha gente no lo quiere, y que la inseguridad en su mandato se disparó. 


Considero que la gente que piensa así, desafortunadamente, también es la mayoría. Yo en cambio, veo el mundo en escalas de grises, y creo que la verdad suele estar en el medio. Ambos hicieron cosas buenas, ambos hicieron cosas malas. Y lamentablemente, a falta de candidatos ejemplares, las elecciones se han convertido en una competencia para escoger el mal menor.

Si usted llegó a este punto del artículo y aún no quiere insultarme (ya sea porque le ofendí a Uribe, o a Petro, o porque le ofendí a ambos, o porque no le ofendí a ninguno), seguramente usted hace parte de la triste, corta, y exigua minoría de este país.

Estimado compañero de la minoría. No le tengo buenas noticias. Somos pocos, y la gleba insurrecta en este país es mucha. A la fecha, nadie ha encontrado una opción mejor a la democracia. Ya lo dijo Sir Winston Churchill:

"La democracia es la peor forma de gobierno, con excepción de todas las demás". 

No nos queda sino confiar en que en las próximas elecciones el país elija a alguien que no nos termine de desbaratar lo que nos queda. Yo todavía no se por quién votar, pero escucho sugerencias. Al fin y al cabo, usted es de la minoría, por lo que su opinión es muy valiosa para mí.

Los dejo con una frase de Kodos —uno de los extraterrestres de Los Simpson—, que resume en unas pocas palabras mi opinión sobre la política actual:


"Da lo mismo por quién voten, de todas maneras su planeta está condenaaado… BIEEEN CONDENAAADO!"

viernes, 24 de julio de 2015

¿Un Gym?¿Qué es un Gym? Ah, un GYM


Los que me conocen saben que a mí nunca me ha gustado el ejercicio. En principio, no me produce ningún placer —creo que estoy negado en el tema de producción de endorfinas o de adrenalina—; y aparte los deportes se me hacen aburridísimos —con gusto cambiaría los veinte canales deportivos que tengo, por un History 2—.

Tal vez todo surge de mi aversión hacia las clases de educación física. Causada por dos hechos principales: primero, que era malo, malísimo para practicar deportes; y segundo, que las clases estaban mal enfocadas. Sí, seguramente, a usted también le iba regular… pero créame… nunca fue tan malo como yo.

Yo siempre era el último entre los últimos: el último en ser escogido para el equipo —incluso si el número de estudiantes era impar y yo daba una ventaja extra en la cantidad de jugadores— el ultimo en las carreras de velocidad, el último en las de resistencia, etc. Cuando había que hacer "ventiuna" con el balón, yo hacia "una". Cuando tocaba ejercitarse en barras, mi barbilla no alcanzaba la barra ni la primera vez. Fallaba incluso siendo el recogebolas.

Esa situación cambió, cuando entró a la clase un compañero que tenia asma y algo de sobrepeso. Yo aún llegaba de último en las carreras, pero al menos la final entre los dos era de foto finish. Lo malo es que él tenía excusa, yo no. 


Consecuentemente, mis notas en esa materia no eran de mostrar, y eran aún más deprimentes cuando la forma de evaluación cambió de números a logros:

"Las habilidades motoras del estudiante son deficientes"
"El estudiante muestra falta de coordinación en ejercicios aeróbicos"

La cosa fue tan grave, que perdí educación física en décimo, y no me vine a dar cuenta sino un año después: dos días antes de la graduación de bachiller. Y no es que hubiera perdido por fallas —siempre asistí puntualmente—, sino por verdadera falta de habilidad para el deporte. La principal razón por la que me pude graduar —aparte de ser el tercer puesto de la clase—, fue porque al profesor le pareció absurdo que alguien perdiera esa materia, y me pasó a último momento.

Hablaba antes de clases mal enfocadas, porque para los que no éramos competitivos físicamente, las clases caían en un círculo vicioso. Eres regular, no te va bien, no te gusta, te desanimas, entonces haces menos ejercicio, y por lo tanto pasas de regular a malo… y así vuelve el ciclo. En comparación con los demás, uno siempre era el más lento o el más débil, y por lo tanto la mejora —si la había— no se notaba. 

Esa es una de las pocas razones por las que el gimnasio no me parece del todo malo. Al menos allí la competencia es contra uno mismo —uno percibe las mejoras cuando es capaz de permanecer un par de minutos más trotando, o cuando puede levantar un poco más de peso, o cuando puede hacer más repeticiones—. Es más fácil de medir.

Además, cuando uno pasa de los treinta, es cuando el cuerpo le cobra a uno la falta de ejercicio. "Musculo que no se usa, se atrofia" decían, y uno no ponía cuidado. Pero de hecho, no solo pasa con los músculos, sino con los huesos y las articulaciones. En tres años de sedentarismo intenso, siento que mi cuerpo envejeció otros treinta años.

Por lo tanto, me inscribí en un gimnasio. Otra vez. Hace unos años lo había hecho, y los resultados fueron bárbaros —bajé casi 12 kilos en 6 meses, y mejoré mi estado físico significativamente—, sin embargo lograr la meta redujo la motivación, por lo que volví al sedentarismo.

Naturalmente, hay que hacerse la revisión medica, para evaluar cuáles ejercicios se pueden hacer, y cuales no.

—Le recomiendo que no haga posturas de yoga, como la postura de la "vela" —me dice el doctor—. Puede causarle lesiones en el cuello.

—¿Qué le hace pensar que voy a pasar de la postura "recostado en el sofá" a "pararme en la cabeza"? —le contesté—.

—Lo decía sólo por precaución.

Entonces ve uno la valoración del deportólogo, y recuerda los logros del colegio:

"El paciente muestra estabilidad del tronco (core) deficiente"
"El paciente debe evitar ejercicios que involucren saltos o giros"

Afortunadamente el médico no me revisó la coordinación, o si no habría sido un logro menos. Sin embargo la mayoría de ejercicios que me programaron son los que le pondrían a una persona de edad madura, y no a un "joven" de 33 años: fortalecimientos, estiramientos... nada de impacto. Pero siendo optimista... al menos puedo hacer ejercicio.

Lo cierto es que escribo estas líneas luego de mi primer día de "Gym". Próximamente les estaré contando como me va. Eso sí, ¡ya empiezo a ver resultados *!


* El producto puede diferir de la imagen mostrada



jueves, 16 de julio de 2015

Cuando me aburro invento otra película… es que tengo poca concentración

Hace unos días hablaba de lo complicado de ir a cine en los 80's: la silletería no era numerada —así que uno debía llegar un par de horas antes de la función—; la oferta de películas era mínima —no proyectaban más de dos películas al mes—; y las filas solían darle la vuelta al centro comercial —eran más largas que las colas en Transmilenio—.

Y a eso súmele la experiencia por la que teníamos que pasar algunos… IR A CINE SOLO:

Ustedes no se imaginan lo traumático que es para un niño de 12 años ir a verse una película como "El Rey León" en solitario. No solamente me tocó un puesto incómodo —porque así uno llegara temprano, los que iban emparejados hacían dos filas al tiempo: el uno iba a la cola de las boletas, y la otra a la cola de ingreso—, sino que tuve que ver como moría Mufasa sin contar con el apoyo moral de alguien más; con el agravante de que terminé con tortícolis.


Aunque el plan de cine es mi favorito —y ahora siempre voy acompañado—, eso no quiere decir que el proceso se haya convertido en un paraíso. Hoy en día pasan tantas películas, que por lo general la mitad son malas. La estructura del negocio cambió tanto, que lo que les da más plata a los Multiplex no es la proyección de películas, sino la venta de comida en la confitería —y por ende la gente parece que va es a comer y no a cine— . Y finalmente, la cultura del Colombiano en cine a veces deja mucho que desear.

Permítame desglosar la aventura de ver películas en la actualidad, parte por parte:


LA FILA:

Está la pareja que empieza a decidir qué película va a ver, cuando ya ha llegado a la taquilla: —Gordo, llame a Danielita, a ver si sí se quiere ver esa.

Está la pareja que usa 4 medios de pago distintos para cancelar las tarjetas: —Yo pago una boleta con puntos, la otra con lo que queda de saldo y estos dos mil pesitos, y la tercera con la tarjeta de crédito.

Está la pareja a la que no le gusta nada: —Ay no, esa no, que es subtitulada y toca leer, que pereza. —Ay no, esa no, que nos toca muy cerca. —Ay no, esa no, que yo la quiero ver es en 3D.


LA CONFITERÍA:

Cuando pienso que en un supermercado la libra de maíz pira vale 3.000 pesos, y 3 litros de Gaseosa valen 4.000 pesos, me parece que es un atraco que en la confitería cobren 11.000 pesos por un balde de crispetas, y 5.000 pesos por el vaso de gaseosa. He dicho.


LA UBICADA:

Pese a que la numeración de las sillas es lo más simple del mundo, siempre hay un par de despistados que no logran ubicarse en su asiento, y aparte de todo pelean cuando uno se queja. Y si no es eso, es el grupo que llega tarde y hace toda la bulla del mundo posible, aunque ya haya iniciado la proyección.

LOS TRAILERS:


A mí me encantan los cortos. Pero cuando son 20 minutos de trailers intercalados con comerciales a todo volumen, y siempre repiten el mismo, uno se harta —o si no dígame cuantas veces tuvo que ver el corto de la "La familia Bélier"—.


EL CORTOMETRAJE:

Es sencillo. El cortometraje no lo exhiben por bueno, sino porque exhibirlo es un compromiso que tienen las empresas con el gobierno —es como pasar el Himno Nacional a las 6 de la tarde—. Así que por lo general, el cortometraje no le gusta ni a la mamá del que lo filmó —con excepción del corto de los Abuelitos y la cámara, que me parece una belleza—.



LA PELÍCULA:

Ahí empieza lo bueno. A mi casi todas las películas me gustan, y siendo honestos, no me ha tocado vivir muchos inconvenientes durante las proyecciones —considerando que veo alrededor 30 películas por año en cine—. Pero siempre hay anécdotas por recordar:

El borracho en el estreno de Terminator 3. Sí. Había un borracho en el público, e hizo tanta bulla que a los quince minutos de empezar, entraron dos acomodadores y lo sacaron. Como nota aclaratoria: era un sábado a las 11 am.  No entiendo cómo está uno borracho a esa hora, y en cine.

La falla en Star Wars Episodio III. En medio del combate inicial —una de las escenas más impresionantes—, la proyección se paró. Afortunadamente, la volvieron a poner desde el principio.

Ver "Gohatto". Entramos a verla porque según los posters parecía una adaptación de una serie de manga —con peleas, espadas, y encarnada por actores reales—. Pero no. Imagine ver una versión de 50 sombras de Grey, representada por Samurais, todos hombres, y en japonés. Lo peor es que fuimos con otros 10 compañeros de la universidad. Al menos no fuimos con nuestros papás. 


EL FINAL:

Para cerrar los dejo con un fan art de la película "Mi pobre angelito" que encontré en internet —9gag para ser exactos—, y un argumento —traducido del inglés— cortesía del usuario "iamslavojzizek". Lástima que sea sólo una broma, porque me encantó la idea.


"MI POBRE ANGELITO: CAMINO AL PERDÓN"

Un Macaulay Culkin entrado en desgracia, es rastreado por Joe Pesci y Daniel Stern, quienes han salido recientemente de la carcel, y buscan redimirse y hacer las cosas bien. 

Poco saben ellos que Culkin se encuentra involucrado con malas compañías, y ahora el trío se encuentra atrapado en una vivienda abandonada, emplazada en el medio oeste, tratando de defenderse de los mafiosos que quieren cobrar la deuda de Culkin. ¡Ahora ellos tienen que trabajar juntos, y usar las trampas de la destartalada casa, por última vez! ¡Próximamente, en cines cerca de usted!

viernes, 3 de julio de 2015

Hoy en las noticias, cierta bebida ha resultado ser mortal. No les diremos cuál hasta después de los deportes.

¿Es usted de los que mira la tabla de información nutricional de los alimentos que consume? 

Me refiero a la tablita donde dice cuántas calorías tiene, y el porcentaje de valores diarios. ¡Qué amables y comedidas las industrias alimenticias, dándonos toda la información necesaria para que sepamos exactamente qué estamos consumiendo!

Pues resulta que ellos ocultan sistemáticamente uno de los datos más importantes, y en nuestras propias narices. Si no me cree, vaya, busque el primer paquete que encuentre —ojalá el de su alimento favorito—, y entre todos los porcentajes que salen, revise cuál es el porcentaje diario de azúcares.

¿Ya miró? ¿De cuánto es? 

¡Ahhhh! Dice los gramos, pero no el porcentaje, ¿cierto?

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¿Por qué muestran los porcentajes de absolutamente todo, menos de los azúcares?

Porque casi siempre el porcentaje es absurdamente alto, y es ese exceso de azúcar lo que causa la hermosa pancita que usted tanto se esfuerza por eliminar —aparte de otros problemas de salud menos visibles, pero más graves—. Como en todo plan de mercadeo, se resalta lo bueno y se oculta lo malo.

—Pero un poquito de azúcar de más no hace daño.

"Un poquito", cree usted. Pues revisemos los datos. El siguiente texto es un extracto de un reporte de la Organización Mundial de la Salud:

"La actual recomendación de la OMS, que data de 2002, es que el consumo de azúcares debe representar menos del 10% de la ingesta calórica total diaria. En el nuevo proyecto de directrices se formula la misma recomendación, pero además se indica que si la ingesta calórica total diaria se reduce a menos del 5% se obtendrán beneficios adicionales. Un 5% de la ingesta calórica total equivale a unos 25 gramos (aproximadamente 6 cucharadas de café) de azúcar al día para un adulto con un índice de masa corporal normal"
OMS, Ginebra, Marzo 5 de 2014.

25 gramos al día es la recomendación médica, mis estimados.

Ahora miremos los datos nutricionales de una Coca Cola —la de 600ml que casi todo el mundo compra—, para ver cuánto es "un poquito":


—Ah bueno… 21 gramos está incluso por debajo del recomendado.

Pero lea bien. "Porciones por envase: 3". Entonces esas cantidades no son las de toda la botella, sino de una tercera parte. ¡Ah!… viejos mañosos. No solamente ocultan el porcentaje, sino que hacen trucos para mostrar valores inferiores. 

Si fueran los datos de la botella completa, e indicando todos los porcentajes, los datos se verían algo así:


Y eso que el porcentaje se calcula sobre 50 gr/día, que es el máximo permitido. Si fuera el recomendado —25 gr/día— ese porcentaje sería el 252%. Y solamente por una botella. Dos botellas y ya se tomó el azúcar de la semana. Ni la difunta Celia Cruz tenía tanta azúcar en el cuerpo.


Lo más grave es, que a todas esas cosas "light" o "bajas en grasa" que usted compra, les agregan azúcar. ¿Por qué? Porque cuando usted le quita la grasa a un alimento, le quita sabor. Y la mejor forma de devolvérselo, es añadiendo azúcar. Eso no aporta nutrientes, ni vitaminas. Sólo da sabor, y aparte hace daño. 

Tómese un ratico para revisar los datos de las otras cosas procesadas —a las cuales les agregan azúcar—, que usted consume en el día. Los siguientes números corresponderían a una dieta "light": 

· Vaso de leche deslactosada y descremada, 250ml: Aprox 13 gr.
· Taza de cereal integral: Aprox 15 gr.
· Café negro con una cucharadita de azúcar: Aprox 5 gr.
· Galletas light: Aprox 7 gr.
· Jugo de naranja "con sabor natural" de 500ml: Aprox 45 gr.
· Tres cucharadas de salsa vinagreta para la ensalada: Aprox 4 gr. 
· Té con una cucharadita de azúcar: Aprox 5 gr.
· 2 tajadas de pan integral (tipo sandwich): Aprox 6gr.

Aún si usted hace que el resto de comidas que consume sean saludables y se preparen sin agregar azúcar —cosas como huevos, pollo, arroz, verduras, frutas—, y además no toma gaseosas ni postres; de todas formas usted se puede estar echando encima casi 100 gramos de azúcar al día. Agréguele un dulcecito, o una torta, y el número se puede duplicar.

Lo más triste es que son las cosas que usted creería que son más sanas —la leche, el cereal y el jugo embotellado— las que por sí solas se pasan del máximo diario.

Y mejor no le digo cuántos gramos de azúcar tiene un helado —primero porque me encanta, y segundo, porque de saberlo la mayoría de ustedes se desmaya y al resto se les daña el día—. Hay cosas en la vida que es mejor no saber.

La conclusión: Nadie le está diciendo que elimine el azúcar de la dieta. Solamente que lo modere, y que sepa lo que está consumiendo. De cualquier forma, todos sabemos que no se vive de ensalada.

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jueves, 25 de junio de 2015

¡Por Dios! ¿Las personas no podrían hacer justicia por mano propia? ¡No podemos estar vigilando toda la ciudad!


Esta frase de Clancy Gorgory, el jefe de policía de los Simpsons, nunca había sido tan relevante como ahora, cuando el debate sobre el vigilantismo —término elegante para "dele pata a ese hijueputa"— está tan caliente. 

Por un lado están los que aducen que con una justicia como la que tenemos, la única forma expedita de castigar a los criminales es hacer justicia por mano propia. Por el otro, están los que consideran que eso implica rebajarse al nivel del delincuente, y de paso puede abrirle las puertas al paramilitarismo, a los grupos de limpieza social, y finalmente a la anarquía social.

Yo entiendo a ambos bandos, aunque en mi opinión personal, me parece que un ladrón que apuñala a alguien por robarle el celular, o un pedófilo que viola una niña, merecen ser linchados. Una persona como esas no le aporta nada a la sociedad sino problemas; y siendo sinceros, tampoco se va a enderezar porque lo metan en una cárcel —al menos no en el sistema carcelario actual—. El hambre o la pobreza pueden ser excusas para robar, pero no para matar o violar.

Sin embargo, también es cierto que el hacer justicia rápida implica un problema. No siempre el crimen es flagrante; y todos sabemos el poder del rumor. Acaso se ha puesto a pensar, cuando ve un linchamiento, ¿Cuántas de esas personas que están golpeando al tipo, lo vieron cometiendo el delito? ¿Cuánta gente ha sido condenada injustamente, aún luego de haber sido sometidas a un juicio apropiado? Errar es de humanos, y muy seguramente, por cada 99 personas que son "castigadas justificadamente", hay 1 inocente que estaba en el lugar equivocado. 

En países como Colombia, el tema de vigilantismo conlleva un agravante adicional. El latino suele excederse y por lo general actúa con la cabeza caliente. He visto comentarios donde sugieren lapidar a un tipo porque mató un perro, o peor aún, agarrar a patadas a una mujer porque se coló en Transmilenio. Así de mal estamos, condenando a muerte a una señora por dárselas de avispada, mientras que el segundo peor asesino serial en la historia de la humanidad, está "condenado" a pasar sus días orando en una celda. 


Una buena forma de evaluar y entender las posturas del otro en este debate, es hacer que cada uno se ponga en los zapatos del contrario.

Usted, niña idealista, que considera que los criminales tienen derecho al debido proceso, y que son seres humanos como usted o como yo: ¿Sería capaz de mirar a los ojos a un tipo que le echó ácido en la cara a su hermana, y no encenderlo a patadas?

Usted, macho lleno de testosterona, que ya ha cogido a golpes a más de un ratero: ¿Cómo se sentiría al enterarse que su padre, hombre de bien, está en la clínica en coma, porque una turba enardecida lo confundió con un ladrón?

Usted, abogado penalista, exitoso defensor de profesión: ¿defendería en un juicio al violador de su propia hija? ¿O dejaría que un colega lo hiciera, a riesgo de dejarlo en libertad?

Como puede ver, las cosas en este mundo no son todas blancas o negras. Hay una cantidad de matices que hay que considerar cuando de impartir justicia se trata; y una cosa es lo que uno piensa, sentado al frente de un computador, y otra cuando tiene que enfrentarse a un hecho de este tipo.

Tocar este tema me recuerda un capítulo de Dexter —tal vez la representación más realista a la fecha de un vigilante moderno: no tiene poderes como Supermán, ni es un millonario como Batman, pero siempre castiga al criminal—. 


En ésta serie de TV, Dexter Morgan es un tipo supremamente preciso, y cuando toma la justicia por su propia mano, lo hace luego de un análisis concienzudo de las pruebas y de un seguimiento metódico al sospechoso. En un capítulo de la cuarta temporada, captura a un fotógrafo al que todas las evidencias implican en una serie de homicidios de modelos, y lo castiga asesinándolo en su ritual característico. Al día siguiente, Dexter se entera de que el homicida no era el fotógrafo, sino su asistente, el cual fue capturado por la policía luego de una prueba de ADN. Un error irreparable, que demuestra las consecuencias de saltarse la ley.

Retomando lo que decía al principio, y a riesgo de discrepar con la mayoría de ustedes, a mí sí me gustaría que se pusiera en práctica la política del "ojo por ojo". Y ya sé lo que me van a responder algunos: 

—"Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego"

Gandhi era un excelente pensador, pero un pésimo matemático. En su escenario, sólo la mitad del mundo quedaría ciego —a menos que existieran personas que se dedicaran sistemáticamente a sacarles los ojos a los demás—. 

Yo ajustaría la frase a: "Ojo por ojo y una pequeña parte del mundo acabará tuerto, mientras que la otra parte aprenderá a vivir en paz". Aplicando ese principio, nos desharíamos de los asesinos —siempre que se elimine el margen de error en las condenas—, y le enseñaríamos a los demás criminales a no delinquir. Fácil decirlo, difícil concertarlo, y casi imposible ponerlo en práctica. No creo que logremos un consenso.

En lo que seguramente todos estamos de acuerdo, es en que la justicia Colombiana está tan mal, que funciona igual o peor que la de los Simpson —allí, todo el mundo sabe que Snake es un ladrón reincidente, pero el tipo casi nunca está en la cárcel; todo el mundo sabe que Gorgory es un inepto, pero nadie lo reemplaza como jefe de policía; y todo el mundo sabe que Diamante es un corrupto, pero ahí sigue de Alcalde de Springfield—. 


Poco podremos hacer si ni siquiera logramos aplicar apropiadamente el código penal actual. La sugerencia sería empezar por ahí. Porque por ahora, nuestra justicia es una caricatura que no causa ninguna risa.

sábado, 13 de junio de 2015

Yo soy un viejo, odio todo menos mi programa de entrevistas... Y YA VA A EMPEZAR

¿Se acuerda cuando usted solo tenía dos o tres canales para ver en TV? Cadenas Uno, Dos y Tres se llamaban —toda una proeza en cuanto a diseño de marca se refiere—. Yo las recuerdo claramente, sin embargo, mi duda es la siguiente: ¿cómo pudimos sobrevivir todos esos años con tan pocas opciones? ¿Acaso antes la programación tenía una calidad superior? ¿O sencillamente estábamos tan aislados del resto del mundo, que creíamos que eso que transmitían era "buena televisión"?

 

Ahora, ya no soporto los canales nacionales. Al punto en que puedo durar semanas sin siquiera acercarme a ellos en la parrilla de programación. Luego de todo este tiempo, ya no sé qué novelas pasan, desconozco qué actores o actrices están de moda, y no tengo ni idea de qué programas lideran el rating. Cuando los veo —muy esporádicamente— es porque estoy de visita en alguna parte, tienen sintonizado alguno de ellos, y me da pena pedir que cambien de canal.

Créame, soy un tipo de segundas oportunidades. He intentado ver algunos programas que se supone tienen un nivel de calidad "sobre el promedio". Pero en el mejor de los casos, son copias baratas de programas extranjeros, o son buenos, pero tienen tan poca audiencia, que los acaban rápido. 

Dado que las listas de "X cosas que…" están de moda, he decidido hacer mi propia lista de las razones por las que detesto la TV nacional.

1. Periodismo carroña:

Tragedias, muertos, accidentados, melodramas… siempre los hay y en todas partes; pero rellenar los noticieros con informes sobre las desdichas de los demás, porque sí y sin hacer análisis, no tiene sentido. El crítico de TV, Omar Rincón lo define perfectamente: "Y para el rating practican el periodismo carroña: ese que goza con el dolor y la miseria, el que se deleita con la tragedia humana, no contextualiza, se empecina en mostrar la putrefacción".

Por cierto, 108 personas mueren en el mundo cada minuto. ¿Necesito saber quiénes, porqué y dónde? Paso.

2. Los programas de la mañana:

Aclarando que esto no es invento nuestro —es copia de los "Morning Shows" americanos—, los programas mañaneros suelen ser un asco. Aunque si uno lo piensa bien: ¿con qué más va a rellenar uno cuatro horas de transmisión, todos los días, sino con basura? Jota Mario pasó de ser ese joven gracioso y respetado que trabajaba junto a Pacheco y a Gloria Valencia, para ser un viejo amargado y una parodia de sí mismo en el programa de RCN. En Caracol, el programa de la mañana parece un comercial de 4 horas sobre el canal. CityTV había empezado bien con Arriba Bogotá, pero terminó peor que los otros. Abajo, y ahogado en televentas.

Lo más triste es que cada vez me parezco más a Jota Mario.

3. Televentas y publicidad:

Uno entiende que la pauta y las televentas son lo que le da de comer a los canales nacionales. Y sí, varios de los canales extranjeros también pasan infomerciales en cantidades, pero los limitan a ciertas franjas horarias, donde uno puede ignorarlos completamente. Aquí no. Los atraviesan en medio de los programas de la mañana, los embuten entre los comerciales, o incluso dentro de los noticieros. No se distingue en qué momento es información o publicidad. Y cuando los comerciales son malos, o las tandas de los mismos duran más de 2 o 3 minutos, uno termina cambiando de canal y olvidándose de lo que estaba viendo.

Hablando de eso ¿alguien sabe si el Abdoplan sí servía?

5. Suso el Paspi, y el exceso de costumbrismo:

Me niego a aceptar que haga parte de "nuestra identidad" alguien que masacra al idioma español. Si al menos hubiera un aporte de opinión o de tipo político —como por ejemplo el "Heriberto de la Calle" de Jaime Garzón—, se le perdonaría. Pero no cuando el objetivo es buscar una risa fácil, haciéndonos ver como unos gamines aquí y en el extranjero. O si no vea el efecto que causa un programa como "Laura en América", en la percepción que tenemos de un país como el Perú.

Y señor Cuadrado, aprecio mucho su participación en el mundial, pero no se dice "Ganastes". Aprenda a hablar.


6. Los programas inician a la hora que les da la gana (especialmente en la noche):

Si bien han tratado de corregir esto — y eso porque los defensores del Televidente reciben constantes quejas del tema—, las horas de transmisión de los programas suelen ser modificadas según lo que mejor le convenga al canal. Si hoy el programa empieza a las 9 pm, mañana puede ser a las 9:30 pm, y la siguiente semana a las 10 pm. Ellos hacen esto para aprovechar el arrastre del programa de más audiencia. El problema para uno es que le toca estar pegado al programa anterior así no le guste, para lograr ver lo que uno quiere ver desde el principio.

—Vea el estreno de "El Desafío: Uzbekistán", después de las Noticias de la Noche y del final de la telenovela "Espinas de Amor"—.

7. Adaptaciones.

Ser "la versión Colombiana de" no debería ser motivo de orgullo. Acá nos encanta adaptar las series exitosas, pensando que lo que funciona afuera, va a resultar acá con sólo unos pequeños ajustes. La experiencia demuestra que el resultado oscila entre lo promedio y lo mediocre. O si no miren "Metástasis" y "La Sopa Colombia".

Dios nos libre de una versión Colombiana de Juego de Tronos. No quiero ver al Paparazzito del Lavadero encarnando a Tyrion Lannister.

8. Novelas de traquetos y prepagos:

De tantas versiones que tienen, "El Capo" y "Sin tetas" van a terminar con más re-ediciones que "Rápido y Furioso". Una novela de cada tema está bien —no podemos negar que los narcos y las prepagos hacen parte de nuestra idiosincrasia—. Pero tres o cuatro con el mismo argumento, es un despropósito. 

Uno analiza, y las tres cosas que más exportamos son en su orden, Café, Drogas y Putas. ¿Entonces porque sólo han hecho una novela sobre el Café?


Desafortunadamente, la conclusión de toda esta diatriba, es que no hay nada que hacer. ¿Por qué lo digo? Mi escritor favorito de terror, Clive Barker, le pone el último clavo al ataúd, con esta frase:


"La televisión es el primer sistema verdaderamente democrático, el primero accesible para todo el mundo y completamente gobernado por lo que quiere la gente. 



Lo terrible es, precisamente, lo que quiere la gente".